viernes, 22 de marzo de 2013

¿Quieres que...?

Contéstame.
Yo si, yo si que quiero. Lo quiero ahora y aunque no puedo jurarlo, creo que lo querré siempre.
¿Quieres que...? Yo a quien quiero es a ti y eso está más que claro.
Pero... Que es lo que quiero...
Da igual, aquí solo me importa lo que quieras tú. Por esta vez, no seré en absoluto narcisista.
Asi que ya sabes, respóndeme:
¿Quieres que... Vaya a verte después de baile?
¿Quieres... Que mis "Buenos días, ñi" sean eternos?
¿Quieres que...? Vamos a ver si tú...
¿Quieres que despertemos juntos y mirándonos a los ojos?
Que hagamos viajes largos sin destino alguno previsto.
Nos perdamos.
No pase una sola semana sin vernos, que hablemos diariamente, un par de palabras al menos.
Aprenda contigo.
Celebre mis éxitos y los de ambos a tu vera.
Crezcamos, aunque uno más que otro...
Compartamos, estos que son los mejores años de nuestras vidas.
Te ayude a sonreir, cuando más lo anheles, te cuide cuando estés enfermo y te haga compañia en esas penurias temporales.
Desaparezca mi inexperiencia por completo en tus manos.
Y que aunque en realidad no te tenga, estés conmigo siempre.

Dime ¿Quieres?

viernes, 1 de marzo de 2013

Hola y Adiós.


Cuando "nuestro" patio se hubo DESTRUIDO, me di cuenta de que exactamente lo mismo debía pasar con nosotros.
Tú tienes un nombre, yo tengo el mio y ya era hora de llamarnos por los mismos.

Tal y como debía ser, todo lo que fuera "nuestro" NO MERECÍA siquiera repartirse. Solo MATARLO.

Eran juegos estúpidos, yo queriendo hacerme la madura, aún sabiendo que no lo soy; Y tú creyéndote mayor, aún yo sabiendo que solo te lo haces.

- ¿Qué te pasa? Sé que te pasa algo.
Olvídame, si no piensas molestarte en entenderme.







sábado, 23 de febrero de 2013

Me canso de no verte.

Me agobia la idea de que me he convertido a esta monotonía, como si de una religión se tratase. La de no verte, de dos a tres veces por semana; La de no pasar horas hablando contigo, por medio de palabras escritas, en las pantallas táctiles de nuestros respectivos teléfonos móviles; La de no ver tus ojos más que en mis pensamientos o en mis sueños, si es que te da por visitarlos.
Me duele pensar que quizá es que no hago nada por vernos, inconscientemente, siempre eres tú el que aparece y yo, mientras, solo me limito a repetirme y mencionarte que te echo de menos.
¿Y porqué no hago nada? Igual que tú, yo podía ir a tu casa, decirte que bajaras para estar conmigo.
Que más dará lo que dijeran mis padres, que no se sale entre semana  que no vuelva a esas horas, que me quede en casa y estudie. Ya lo hago, pero ahora, nada es lo mismo.
No veo la necesidad de sonreír casi a cada hora del día.
No siento la impaciencia por que llegue la tarde.
No me acuesto feliz como antes.
Y que demonios, es mi culpa, no tengo nada de lo que quejarme, si quisiera, yo misma iría a buscarte; me digo.
Más no es si quisiera, es si pudiera. Igual es algo que me sujeta por dentro, o quizá , solo temo las consecuencias y reprimendas por parte de mis superiores. Yo que sé
Pero me siento culpable, por que ¿Que tipo de persona soy, si no arriesgo nada?
¿Y porqué no lo hago? En lugar de escribir esto, coger, levantarme e ir a encontrarme contigo.
Creo que igual, lo que tengo es miedo a que ocurra lo que ya te dije:

- Por mí, quedaríamos todos los días, pero mejor no, porque te cansarías de mi.

O quizá, ya no es miedo y siento que eso ha llegado.
Últimamente, no dedico tiempo a nada ni a nadie.
Aún así, siento que te abandono. Uf (Aún sabiendo que no eres el único)
Este tipo de dudas, surrealistas, que no sé de donde aparecen, que nacen y se hacen las muertas, más no sé si se van; Son las que me asaltan, cuando tanto necesito que tú me beses.
Me canso de no mirar tus ojos verdes. Me canso de no verte

domingo, 3 de febrero de 2013

Las dos vertientes

Y situada entre las dos vertientes, divisó los pros y contras y se dispuso a elaborar un trabajado estudio sobre los caminos que ante ella estaban. Archivando razones, condiciones, consecuencias y demás elementos importantes que le empujaran a decidirse.

No tenía si no, peor situación que aquella, ante si, pequeña y menospreciada, la vida le escupió a la cara una de esas decisiones que afectan. El futuro no era prometedor por ningún camino, si bien, ella misma sembró su campo y por su propia culpa se veia pesimista si no, algo bravo y tempestivo.

Que tomar, cuando no sabe una ni lo que quiere? Que arriesgar, cuando no sabe una ni lo que tiene? Que temer, cuando no sabe una ni lo que perder puede...
Se miró las manos, se tomo el pulso en sus estrechas muñecas, buscando la presencia de un corazón vivo. Pedirle consejo y opinión a un corazón borracho, no sea quizá la mejor idea. Latía este pues, haciendo eses, mientras ella nerviosa e impaciente, se mordía los labios y cruzaba los dedos.

Un milagro. Si ¡Un milagro! Que si no, la sacaría del laberinto mental que habia creado, el cual, cobrando vida, encerró en lo más profundo a la joven, que perdida y confundida, hundía la cara mirando hacia el suelo, ya mencionado antes, mal sembrado, o siquiera intentado sembrar.

En aquella quimera pasaban los segundos, aplastantes. Eso no era ningún limbo. Eso no era ningún infierno. Eso era lo que se habia buscado.

No quería renunciar a nada, porque nisiquiera sabía hasta que punto los poseia ni hasta que  extremo osaría asomarse para decir porfin, que era lo que queria.

Que necesitaba. Que le importaba. Que le comia la cabeza. Que no le preocupaba. Que no sentía. Mirando más si cabe, a su alrededor, diose cuenta. Un unico mundo creado por sus paranoicas pajas mentales, en el cual caminaba largo rato y aparecia en el punto de inicio.

De que serviría ademas, alejarse de aquel lugar, si nuevos pares de caminos cabrones y buscones la perseguirian y al dar con ella, con rabia desatarían sus brazos largos y borrosos al horizonte.

Debia elegir. O quizá solo actuar. Pero bien sabido era, que desde pequeña, no era muy propensa a hacerlo. Se sentó en un peñasco, con los brazos apoyados en sus rodillas y las manos aplastando sus carrillos.

Suspiro tras suspiro, tejía una telaraña de dudas, que parecia no tener fin. Levantando la cabeza, incorporando el cuello, decidio ya por fin moverse y sacando una navajita afilada, pequeña, cuyo extremo en punta, pinchaba con solo mirarlo; de su bolsillo, arremetió con fuerza contra su brazo izquierdo y clavando la navajita en la mano contraría, notó que no era sangre lo que supuraba, solo aire. Aire y luego plumas, blancas y suaves.

Se borró su campo de visión, se cerraron sus parpados y con un violento descenso, impactó contra una superficie blanda.

Se incorporó y sentada en su cama. Se miró la mano izquierda y vio que habia conseguido despertarse, de nuevo. Aquella pesadilla que la atormentaba y perseguia. La cual no temia, ni veia como algo malo, aunque empezaba a cansarle la idea, de que no pudiera volver a soñar nada diferente, a esa maldita paranoia que tenia incrustada en la mente.

Recomponiendo las imagenes de lo que habia visto esa vez, miró al techo.
Empezó a darle vueltas, de nuevo, como cada mañana a las 4:23.
Y ahí se quedo, rodeada de plumas que flotaban a su alrededor, salidas de un almohadon desgarrado; imaginando, que podría ocurrir, si al final... eligiera.

martes, 22 de enero de 2013

Eso sería perfecto

Tú y yo, perdidos en alta mar. Con lo justo, comida, agua, un refugio flotante y compañía.
Olvidando que la realidad existe ¿La nuestra? Esa.
Un barco y ese inmenso recopilatorio de atardeceres.
El sonido del mar, la nana del agua. Una suave brisa, mientras dormimos. Acostarse a gusto, aún en medio de la nada y despertar libres, tú sonriendo.
Asomarme a proa y que el viento enrede y luego desate mi pelo.
Que no sea para siempre, continuo. Volver y enfrentarnos al mundo. La vida monótona que todos lleven, vivirla igualmente. Pero sin atarnos al destino de esta sociedad. Sabiendo que todo habrá cambiado.
Un tiempo con ruido y prisas. Ser materialístamente egoístas.
Pero volver, deshacernos de todo.
Que funcione así:
Un año en ese infierno, cuatro, en nuestro limbo semieterno.

jueves, 17 de enero de 2013

Lárgate

Me apoyé en el alfeizar de la ventana. Frío, granate y metálico. Miraba a las casas de enfrente sin centrarme en punto alguno, buscando nada a lo lejos.
Un único suspiro, escapó triunfante de los labios, hasta ahora cerrados, reprimiendo, durante un corto periodo de tiempo, cualquier señal de lo que su dueña sentía.
La ventana, abierta, permitía pasar un gélido airecillo, que inundaba, poco a poco, los recovecos de aquella escalera.
Si hubiera podido mirarme a la cara, desde el exterior del edificio en que me encontraba, la expresión seguro se vería triste, apagada. Transmitiría algo de cansancio y nostalgia, quizá debido a que la hora se acercaba, a pasos agigantados y obligaba a los minutos que aún quedaban, a escurrirse entre mis dedos y transformarse en miserables segundos justo antes de evaporarse y no volver jamás.
Noté como el caminaba despacio hacia mi. Retiró mi pelo del hombro izquierdo, dejando al descubierto un cuello desnudo, algo inclinado, permitiéndome posar la cabeza en el marco de la ventana.
Esperaba un rápido y simpático beso, otra de sus muestras de cariño, que me hacian sentir bien en días como este. En su lugar, sentí sus labios calientes rozándome la piel.
Tras cerrar los ojos perdí el sentido y la noción del tiempo.
Me abrazaban por detrás, envolviéndome, unos brazos fuertes y protectores, mientras en mi cuello, la lengua junto a sus labios batían una placentera batalla por ver quien me complacía más. Ambos por igual.
Pronto, no tuvo suficiente, comenzó un piqueteo de sus dientes, que me hacia sentirme más y más embaucada, quieta sin mover un músculo, experimentando este agradable espectáculo que tenía lugar en una de las partes más sensibles al roce, del cuerpo humano.
El corazón, empezó a latirme más fuerte. Mi cabeza se giró, siguiendo la orden del cerebro, ambos, me incitaban a buscar sus labios, pero esta vez, con los mios.
Aún con los ojos cerrados, su aliento cálido y persuasivo, alertaba a mi boca del cercano encuentro, el cual esperaba ansiosa.
Y los encontramos.
Desenfrenados y frenéticos, en aquel diminuto rellano, en el que nadie podía encontrarnos, ajenos al mundo real, al que pronto volveríamos, nos comíamos vivos.
Media hora después, tarde, igual que siempre, pero tarde como nunca, mientras nos saboreabamos mutuamente, el alejó su rostro del mio unos 2 cm y dejó escapar un rápido:
-Lárgate.
Justo un segundo después, ya estaba mordiéndome el labio inferior de nuevo.
Ninguno queriamos irnos. No queriamos alejarnos. En menos de diez minutos cada uno habría vuelto a su vida, una en su casa, el otro en la suya. Y hablando, a traves de una pantallita de teléfono, pero tan lejanos, como todos los días.
Se había parado el tiempo. En mi mente, en la suya. Y ojalá fuera cierto.
Separó los labios en una cuantas ocasiones más, solo para recordarme que tenía que haberme ido ya hace un buen rato. Pero cada vez que terminaba de hablar:
-Llegas tarde... Vete, anda... Te va a caer buena bronca... Ay, vete ya, jo...
Volvia a besarme con más fuerza.
Yo no tenía ninguna intención de rechazarle. Le seguía con más ganas incluso, mientras la alarma del reloj, gritaba cada 5 minutos, amenazándonos e incordiando.
Hacía un diminuto, invisible amago de irme, pero al segundo, volvía a perderme y seguirle y el a perderse conmigo.
Solo un minuto despues de su último de tantos recordatorios, nos miramos a los ojos y recogiendo nuestros abrigos de las escaleras, las bajamos, de la mano, dirección, lamentablemente a mi casa.
En el ascensor, aprovechamos la existencia de cada corto segundo que nos quedaba. Solo justo cuando llegamos a mi piso, tuve que separarme y poner un pie fuera. El agarró mi brazo, con suavidad, y mirándome a los ojos, mientras yo sujetaba el botón, para evitar que se cerraran las puertas del ascensor, me besó de nuevo, esta vez en un largo y perfecto beso, que duró bastante. Cuando apartamos los labios, supe que era el fin, se iba y me dejaba sola, como siempre, sin él. Agarró mi cabeza por detrás y tras darme un suave, corto y rápido beso, que solo llegó a rozar mis labios, soltó mi brazo, dejandome avanzar hacia mi puerta, se introdujo en el interior del ascensor y presionó el botón "0".

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Princesa de hielo

"Con la caída del invierno, que se nos echa encima, llega el frío y las ganas de cálidos momentos.
Soy la nieve, Princesa de hielo, siempre tan gélida, mi corazón palpita alegre, bajo capas sobrepuestas de escarcha.
Se sonrojan las mejillas, la punta de mi nariz y las manos, están ya petrificadas.
Sangre, caliente, recorres cada rincón de mi cuerpo, dejando a tu paso el rastro ardiente, positivamente destructivo, vestigios que encienden y prenden mis sentidos, a medida que me invade el frío.
Suspiran ya mis labios, quizá cada día más rotos, te echan de menos, o por este usual cambio de temperaturas.
El vaho, abandona mi boca, en forma de vapor, baila en el aire, le hace el amor al viento y se pierde al poco tiempo, fundido en un instante"

Caminaba por la calle, decidida, pero cargada eso si, de sueño, pereza y esa mochila celeste.
La música, excesivamente elevada, tronaba en mis oídos, sordos para el resto, fríos a lo ajeno.
La gente se fijaba y veía, no más que esto:
Muchacha, joven, de unos 16 estimados.
Expresión angelical, tan niña. Creen pocos, que roce el metro sesenta.
Mofletuda, con los papitos rojizos, ojos marrones caramelo tostado, pestañas no muy largas, peinadas hacia las alturas, con una suave onda armoniosa.
Morena de pelo, algo más oscuro del castaño, más poco de el se ve; El cual lleva trenzado, dos entrañables caminos, a cada uno de los hemisferios de su cuerpo, posadas las tiritas entrelazadas, graciosamente sobre sus hombros.
Un gorro gris, oscuro, de lana, con pictóricas figuras geométricas, marrones, negras, blancas... que tapa gran parte, dejando en el exterior, contados mechones del liso flequillo, ahora abierto y algo separado.
Cubre su pequeño cuerpo, un abrigo largo, mullido, abrochado hasta arriba, en cuyo interior, seguro se acurruque, buscando calor, que elimine las puñaladas de la helada mañana, que se le ha colgado, desde que ha abandonado su casa, dejando atrás el portal, ese extraño vecino al que teme y su calle, poniendo los pies en ella.
La figura de sus piernas, se aprecia hasta poco más abajo de las rodillas. Esas dos carreteras, terminan bien definidas al principio de unas altas botas negras. Atadas pero sueltas, con los cordeles danzando al ritmo de los pasos de la jovencita.
Hay niebla. Borrosa, la silueta, se aleja con un rumbo fijo y destino catalogado. Pero ella solo quiere una cosa, aunque esto ya, obviamente, no lo alcance a saber la gente que la observa; Solo quiere perderse, más no sola, en esa espesa niebla...