jueves, 17 de enero de 2013

Lárgate

Me apoyé en el alfeizar de la ventana. Frío, granate y metálico. Miraba a las casas de enfrente sin centrarme en punto alguno, buscando nada a lo lejos.
Un único suspiro, escapó triunfante de los labios, hasta ahora cerrados, reprimiendo, durante un corto periodo de tiempo, cualquier señal de lo que su dueña sentía.
La ventana, abierta, permitía pasar un gélido airecillo, que inundaba, poco a poco, los recovecos de aquella escalera.
Si hubiera podido mirarme a la cara, desde el exterior del edificio en que me encontraba, la expresión seguro se vería triste, apagada. Transmitiría algo de cansancio y nostalgia, quizá debido a que la hora se acercaba, a pasos agigantados y obligaba a los minutos que aún quedaban, a escurrirse entre mis dedos y transformarse en miserables segundos justo antes de evaporarse y no volver jamás.
Noté como el caminaba despacio hacia mi. Retiró mi pelo del hombro izquierdo, dejando al descubierto un cuello desnudo, algo inclinado, permitiéndome posar la cabeza en el marco de la ventana.
Esperaba un rápido y simpático beso, otra de sus muestras de cariño, que me hacian sentir bien en días como este. En su lugar, sentí sus labios calientes rozándome la piel.
Tras cerrar los ojos perdí el sentido y la noción del tiempo.
Me abrazaban por detrás, envolviéndome, unos brazos fuertes y protectores, mientras en mi cuello, la lengua junto a sus labios batían una placentera batalla por ver quien me complacía más. Ambos por igual.
Pronto, no tuvo suficiente, comenzó un piqueteo de sus dientes, que me hacia sentirme más y más embaucada, quieta sin mover un músculo, experimentando este agradable espectáculo que tenía lugar en una de las partes más sensibles al roce, del cuerpo humano.
El corazón, empezó a latirme más fuerte. Mi cabeza se giró, siguiendo la orden del cerebro, ambos, me incitaban a buscar sus labios, pero esta vez, con los mios.
Aún con los ojos cerrados, su aliento cálido y persuasivo, alertaba a mi boca del cercano encuentro, el cual esperaba ansiosa.
Y los encontramos.
Desenfrenados y frenéticos, en aquel diminuto rellano, en el que nadie podía encontrarnos, ajenos al mundo real, al que pronto volveríamos, nos comíamos vivos.
Media hora después, tarde, igual que siempre, pero tarde como nunca, mientras nos saboreabamos mutuamente, el alejó su rostro del mio unos 2 cm y dejó escapar un rápido:
-Lárgate.
Justo un segundo después, ya estaba mordiéndome el labio inferior de nuevo.
Ninguno queriamos irnos. No queriamos alejarnos. En menos de diez minutos cada uno habría vuelto a su vida, una en su casa, el otro en la suya. Y hablando, a traves de una pantallita de teléfono, pero tan lejanos, como todos los días.
Se había parado el tiempo. En mi mente, en la suya. Y ojalá fuera cierto.
Separó los labios en una cuantas ocasiones más, solo para recordarme que tenía que haberme ido ya hace un buen rato. Pero cada vez que terminaba de hablar:
-Llegas tarde... Vete, anda... Te va a caer buena bronca... Ay, vete ya, jo...
Volvia a besarme con más fuerza.
Yo no tenía ninguna intención de rechazarle. Le seguía con más ganas incluso, mientras la alarma del reloj, gritaba cada 5 minutos, amenazándonos e incordiando.
Hacía un diminuto, invisible amago de irme, pero al segundo, volvía a perderme y seguirle y el a perderse conmigo.
Solo un minuto despues de su último de tantos recordatorios, nos miramos a los ojos y recogiendo nuestros abrigos de las escaleras, las bajamos, de la mano, dirección, lamentablemente a mi casa.
En el ascensor, aprovechamos la existencia de cada corto segundo que nos quedaba. Solo justo cuando llegamos a mi piso, tuve que separarme y poner un pie fuera. El agarró mi brazo, con suavidad, y mirándome a los ojos, mientras yo sujetaba el botón, para evitar que se cerraran las puertas del ascensor, me besó de nuevo, esta vez en un largo y perfecto beso, que duró bastante. Cuando apartamos los labios, supe que era el fin, se iba y me dejaba sola, como siempre, sin él. Agarró mi cabeza por detrás y tras darme un suave, corto y rápido beso, que solo llegó a rozar mis labios, soltó mi brazo, dejandome avanzar hacia mi puerta, se introdujo en el interior del ascensor y presionó el botón "0".

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