domingo, 3 de febrero de 2013

Las dos vertientes

Y situada entre las dos vertientes, divisó los pros y contras y se dispuso a elaborar un trabajado estudio sobre los caminos que ante ella estaban. Archivando razones, condiciones, consecuencias y demás elementos importantes que le empujaran a decidirse.

No tenía si no, peor situación que aquella, ante si, pequeña y menospreciada, la vida le escupió a la cara una de esas decisiones que afectan. El futuro no era prometedor por ningún camino, si bien, ella misma sembró su campo y por su propia culpa se veia pesimista si no, algo bravo y tempestivo.

Que tomar, cuando no sabe una ni lo que quiere? Que arriesgar, cuando no sabe una ni lo que tiene? Que temer, cuando no sabe una ni lo que perder puede...
Se miró las manos, se tomo el pulso en sus estrechas muñecas, buscando la presencia de un corazón vivo. Pedirle consejo y opinión a un corazón borracho, no sea quizá la mejor idea. Latía este pues, haciendo eses, mientras ella nerviosa e impaciente, se mordía los labios y cruzaba los dedos.

Un milagro. Si ¡Un milagro! Que si no, la sacaría del laberinto mental que habia creado, el cual, cobrando vida, encerró en lo más profundo a la joven, que perdida y confundida, hundía la cara mirando hacia el suelo, ya mencionado antes, mal sembrado, o siquiera intentado sembrar.

En aquella quimera pasaban los segundos, aplastantes. Eso no era ningún limbo. Eso no era ningún infierno. Eso era lo que se habia buscado.

No quería renunciar a nada, porque nisiquiera sabía hasta que punto los poseia ni hasta que  extremo osaría asomarse para decir porfin, que era lo que queria.

Que necesitaba. Que le importaba. Que le comia la cabeza. Que no le preocupaba. Que no sentía. Mirando más si cabe, a su alrededor, diose cuenta. Un unico mundo creado por sus paranoicas pajas mentales, en el cual caminaba largo rato y aparecia en el punto de inicio.

De que serviría ademas, alejarse de aquel lugar, si nuevos pares de caminos cabrones y buscones la perseguirian y al dar con ella, con rabia desatarían sus brazos largos y borrosos al horizonte.

Debia elegir. O quizá solo actuar. Pero bien sabido era, que desde pequeña, no era muy propensa a hacerlo. Se sentó en un peñasco, con los brazos apoyados en sus rodillas y las manos aplastando sus carrillos.

Suspiro tras suspiro, tejía una telaraña de dudas, que parecia no tener fin. Levantando la cabeza, incorporando el cuello, decidio ya por fin moverse y sacando una navajita afilada, pequeña, cuyo extremo en punta, pinchaba con solo mirarlo; de su bolsillo, arremetió con fuerza contra su brazo izquierdo y clavando la navajita en la mano contraría, notó que no era sangre lo que supuraba, solo aire. Aire y luego plumas, blancas y suaves.

Se borró su campo de visión, se cerraron sus parpados y con un violento descenso, impactó contra una superficie blanda.

Se incorporó y sentada en su cama. Se miró la mano izquierda y vio que habia conseguido despertarse, de nuevo. Aquella pesadilla que la atormentaba y perseguia. La cual no temia, ni veia como algo malo, aunque empezaba a cansarle la idea, de que no pudiera volver a soñar nada diferente, a esa maldita paranoia que tenia incrustada en la mente.

Recomponiendo las imagenes de lo que habia visto esa vez, miró al techo.
Empezó a darle vueltas, de nuevo, como cada mañana a las 4:23.
Y ahí se quedo, rodeada de plumas que flotaban a su alrededor, salidas de un almohadon desgarrado; imaginando, que podría ocurrir, si al final... eligiera.

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