"Dispara hasta la saciedad, contra todo corazón molido. Pierde los estribos y acaba con cada parte de mi cuerpo. Pisame los pies (Sujetamelos), no camino recto, me pierdo por los senderos de la gula y la perversión. Cortame las piernas (Quitame la posibilidad), impideme correr, cuando todos descubran lo que planeo. Inhabilitalas para esos días que ose intentar huir de la realidad.
Rompeme las manos (Amarramelas) y que no lleguen a volver a provocar daño.
Date la vuelta, levanta esa pistola, apunta a mi pecho. Encaja la trayectoria en el punto exacto de mi corazón motor de mis sentimientos, que yace, muerto, apagado, es de hierro dúctil maleable, por tantos ya que lo estrujaron"
No necesitaste arma alguna, pero quien no, más yo; desea tenerla.
Ni me miraste al apagarme.
Tu me hundiste, yo te hundí poco, a mi manera y a la tuya de hacer que no te afecte. Me hundí contigo, más incluso.
No levantaste la cabeza, ni siquiera asumiste lo que hacías.
No había nada de valor. Por aquel entonces, ninguno lo tenía.
Bang... Bang...
Disparos a mi alma, que la perdieron, envuelta en ira, hundida ya en mis entrañas, para nunca más ser vista, ni manifestada.
Maldito mundo.
No debiste matarme del todo.
No apuntaste justo en el centro, pues, aunque mi corazón yazca, más que muerto, sigo yo en vida y sigue este dentro, ergo, respiro como antes, pero ya, nada del todo vivo, tengo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario