Retumbaron tus solidas palabras,en las paredes de mis oídos.
Sentí tus latidos, tus profundas respiraciones, los nervios brotando de tu piel, rezumando algo de miedo.
Agarraste mi mano, estabas tan cerca, era tan tuya, cada vez más mio.
Las estrellas contaban ahora, cada destello que disparaban nuestros corazones. Se cegaban con la brillante luz de su sonrisa. Se callaban ante tus notables escalofríos, temblores, suspiros.
Tus ojos, posaban su dura, fulminante y característica vitalidad, tenebrosa, amenazante y fuerte en los míos débiles cortantes como afilados cristales, oscuros, bajo la penumbra, pero tan vidriosos y repletos de sentimientos.
Perdidas palabras, susurrantes a los oídos de los más atentos. Tuyas, mías. En esa noche, la última.
Sujeta mi cintura, con falta de delicadeza,pero sin fuerza, ni animo de causar ningún dolor. Pero sujeta fuerte, como si no quisieses que nunca me fuera. Que cierto
Pelo posado sobre los hombros, despeinado, como no.
Mirándote huidizamente, acaricias mi cabeza, la sostienes, plácidamente.
No tengo forma de escapar, quizá haya vuelto a pasar, pero se que es la ultima vez, que esto se acaba y me dejo llevar.
Y entonces, ocurre. Clavas tus ojos en mis pupilas, seguro, firme, encantador y peligroso a la vez, penetrante. Los míos huyen, buscando algo que los distraiga y te sirva de excusa para dejarlos tranquilos.
Pero sigues ahí, igual, sin inmutarte pronto, caigo en el error de volver a observarte.
Tiemblo, quizá demasiado, no lose, se me secan los labios, la boca.
Sonríes y aprietas mi cintura, sujetándola lo más fuerte posible. Crees poder impedir cualquier movimiento mio.
Te acercas, poco a poco, a mi aliento, girando la cabeza y cerrando los ojos.
Cae la primera gota, sobre mi mejilla derecha, la roza, resbala la humedece y se pierde en una corta decadencia, se evapora antes de llegar al suelo.
No puedo más. Se acabó, el ansia puede conmigo, hasta aquí hemos llegado, llevo tiempo deseándolo, imaginándolo.
Tus labio inferior, va rozar el mio, en un instante, cierro los parpados.
Mis ideas vienen y van, corren, se cruzan, chocan, se rompen, se multiplican...
Despego los labios, los separo. Algo nace en mi, de repente.
Abro los ojos, cierro la boca y me muerdo mis pensamientos.
Cojo sus manos, en una escasa milésima de segundo, las despego de mi, suave, pero rápido.
Me suelto de su cuello...
Y salgo corriendo, bajo la lluvia.
No se hacia donde, no se que hace el, no veo nada, todo ha desaparecido, me siento libre, por fin segura, intento sonreír, ondeo mi cabello al viento, muevo los brazos para darme impulso.
Suelto una carcajada, otra y otra y risa más.
Cuando voy a girarme, mientras huyo, velozmente, despreocupada, para mirarle desde bastante lejos ya, tropiezo.
Y supongo, que ahí, es donde me despierto.
Sin nada, sin nadie, sin mas, que unas sabanas acolchadas, mulliditas y suaves, arrugadas.
Es genial, que pasada, me gusta muchísimo como escribes. Enorabuena!
ResponderEliminarMuchísimas gracias, me alegra que mis textos agraden a mis lectores
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